dimarts, 8 d’abril de 2008

Íngrid Betancourt

Anoche te soñé. Te encontraba en la selva, recostada en una hamaca tendida entre dos árboles altísimos.
No vi en mi sueño ninguno de tus captores. Sólo tu y la selva, y los pájaros que no callaban, y a mi me molestaban porque me costaba entender tu voz: hablabas muy bajito, estabas muy cansada. No recuerdo nada de lo que me dijiste, pero hablaste. Mirabas al suelo distraídamente y susurrabas.
La selva era oscura, pero nuestro espacio generaba luz, y fuera de nosotras todo era amenazador, frío, húmedo.
Me senté contigo y peiné tu melena. Tu sonreías y cerrabas los ojos.
Luego te acostaste y yo te arropé y te acaricié la frente, como hago tantas veces con mis hijos, hasta que te dormiste plácida, y yo pensé, éste es el único momento en que está libre.
Cuando esta mañana me he despertado, he tenido la sensación de que realmente había estado acariciándote. Y luego he deseado que estés donde estés puedas haber sentido un poco del cariño que he intentado darte en mi sueño.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

quina il·lusió! un nou post al teu blog! et segueixo! m'encanta el teu blog, per la teva sensibilitat!

Maria Escalas Bernat ha dit...

Moltes gràcies!